La publicación de un nuevo libro sobre Emilio Pettoruti siempre es un motivo de celebración para quienes día a día difundimos la obra de este artista argentino, a través de nuestra Fundación. Y más aún si lo que festejamos es el descubrimiento de un aspecto no demasiado conocido del artista.
La mayoría de las investigaciones y obras publicadas hasta ahora lo analizaban como creador, sin duda el costado más importante de su personalidad, pero no el único. Pettoruti fue un hombre multifacético que estuvo en el ojo del huracán mientras las vanguardias históricas revolucionaban el clima artístico europeo y fue muy cercano a algunos de esos movimientos, aunque no necesariamente compartiera sus postulados. Le interesaba la renovación del arte por la vía que ésta se manifestase.
Por eso, cuando vuelve a Buenos Aires, se incorpora a la huestes de Martín Fierro, que era el medio de expresión local más apto para comprender, recoger y difundir las novedades de las que era portador. Y dentro de ese accionar como difusor, fue maestro en sus talleres de pintura, operador cultural desde la Dirección del Museo Provincial de Bellas Artes y hasta crítico.
Esta última, tal vez, sea la faceta menos conocida de Pettoruti, a pesar de que algunos investigadores la mencionan al pasar: después de conocer a Natalio Botana, Director de Crítica, y durante todo el primer semestre el año 1927, escribe una columna semanal sobre artistas que han captado su interés. May Lorenzo Alcalá y Sergio Baur han acometido la tarea de dar a conocer y analizar esta faceta semioculta, entre otras cosas por la dificultad de acceder a los textos, dispersos en las no siempre disponibles páginas de ese periódico.
La recopilación de los textos críticos en orden cronológico significa, ya, un valioso aporte para los estudiosos, que dispondrán desde ahora fácilmente, de las fuentes necesarias para conocer y complementar la mirada del artista sobre algunos de sus contemporáneos. Ella está acompañada de ilustraciones compuestas a partir de las páginas originales de Crítica, que dan una muestra de la tipografía, composición y concepción gráfica, en la que seguramente Pettoruti influyó.
Con un estricto rigor documental, May Lorenzo Alcalá y Sergio Baur, recogen y se ocupan solo de aquellos textos que fueron firmados por Pettoruti, a pesar de que él manifestara en su libro de memorias, “Un pintor ante el espejo”, que una vez cerrado el Magazine de Crítica, continuó colaborando en ese medio con notas no firmadas; debido a que se carece de originales o recortes de otros artículos que puedan dar certidumbre sobre su autoría, los responsables prefirieron no correr los riesgos de adjudicaciones no fundadas
En una segunda parte, los autores se dedican a la lectura y análisis de estos textos, tarea que no sólo nos acerca a figuras de la plástica italiana poco conocidas en nuestro medio, sino que vienen a dar coherencia a la selección hecha por Pettoruti, porque deja al descubierto los intereses estéticos que la motivaron.
El hecho de que sólo se ocupara de dos artistas argentinos, relacionados entre sí, podría generar interpretaciones equivocadas, si no se analizara la selección en su contexto. Eso es lo que hacen May Lorenzo Alcalá y Sergio Baur en sus ensayos, nos ubican junto a un Pettoruti recién regresado de Europa, donde permaneció durante once años, con más relaciones en Italia que en la Argentina y con un deseo irrefrenable de dar a conocer las nuevas tendencias a la mayor cantidad de personas. Tal vez por eso pasa de Martín Fierro, medio de acceso reducido a los jóvenes vanguardistas, a Crítica, el diario de mayor circulación de su época.
Posiblemente el hecho de que Magazine Cultural dejara de salir a mediados de 1927 cortó una secuencia que podría haber incluído a otras corrientes de vanguardia, además del futurismo y el realismo mágico o novecentismo, a los que se dedicó con tanto empeño en sus páginas.
May Lorenzo Alcalá y Sergio Baur han venido demostrando, a lo largo de los últimos años, una fuerte vocación por estudiar algunas de las claves esenciales para comprender la vanguardia artística argentina, y encontraron en este capítulo la posibilidad de conocer a Emilio Pettoruti desde su galería imaginaria de artistas que, de una manera u otra, lo acompañaron en su trayectoria estética.
Rodrigo Díaz Varela
Presidente de la Fundación Pettoruti
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